Cuando jugábamos -y algunos continúan haciéndolo- el juego “Monopoly” recordaran que el objetivo era tener el mayor número de propiedades en el menor tiempo posible, muchas veces sin tener que pasar por “Go,” con el fin de ser el primero en adquirir las utilidades (agua – electricidad), el transporte (trenes) o bien las propiedades, sobre todo las de las mejores zonas o barrios para construir casas u hoteles.
Si con suerte y jugando con las mismas herramientas que los demás, es decir, en un entorno competitivo, lograbas obtener una de las utilidades, dos o más trenes (ya que las economías de escala te permitían aumentar tus ganancias en la medida en que más trenes tenías), las mejores propiedades, la suerte ya estaba contigo, obtendrías mayores beneficios y posiblemente luego de una largas horas luchando con tus competidores más férreos lograrías quedarte con el MONOPOLIO; es más, a veces hasta adquirías al banco.
Este juego sirve para ilustrar que el fin de todos y en especial de las empresas es tener un monopolio. Nadie quiere entrar al juego a competir sin luchar por conseguir ese objetivo. Todo el mundo quiere competir en el mercado de forma tal que logre en un tiempo determinado ser un monopolio, es decir, ser la única empresa capaz de ofrecer ese bien o servicio a la población y obtener las mejores ganancias posibles.
Ser un monopolista es el sueño de cualquier buen empresario. ¿Por qué? Cuando tienes un monopolio puedes fijar la cantidad del bien o producto que venderás en el mercado o puedes fijar su precio. No es posible fijar ambos a la vez. Si fijas el precio, el nivel no dependerá del precio de los competidores (no los tienes), sino de la curva de demanda con pendiente negativa, la cual reflejará la reacción del consumo de los agentes económicos.
Tener un monopolio significa que tus ganancias sólo dependerán de la precisión con la que seas capaz de fijar el precio del bien o servicio en el mercado, es decir, el precio del monopolio, al cual puedes extraer el mayor excedente del consumidor.
Ciertamente, con ello habrá consumidores que no estarán dispuestos a pagar el precio que fijas en el mercado, lo que genera pérdida de bienestar social, pero por el contrario habrá otros que no dejarán de adquirir tu bien o servicio, bien porque pueden costearlo, bien porque les es imprescindible.
No obstante, si llegas a ser un monopolio eficiente, siendo esto imposible hasta en teoría, serías capaz de impedir esa pérdida de bienestar social mediante la discriminación de precios, lo que supondría que esos consumidores que dejas fuera adquirirán tu producto, por el precio que fijes, que a su vez te permitirá tener ganancias extraordinarias.
Si poco a poco te haces dueño del mercado, generando la confianza de tus suplidores, estableciendo descuentos a tus clientes, fijando precios competitivos, haciendo publicidad de forma tal que fortaleces tu marca y en base a esa competencia logras tener un monopolio, porque tus competidores no eran tan eficientes como tú y salen del mercado, tus sueños estarán cumplidos.
El haber obtenido un monopolio en base a méritos asegura que, aunque la Constitución dominicana consagre que sólo se podrán establecer monopolios en provecho del Estado, no te sancionen, primero porque no te han otorgado el monopolio, y segundo porque nadie puede castigarte por tener una posición de dominio en el mercado ¡Lo has logrado compitiendo!
Nadie puede castigarte por ser el vencedor en una lucha competitiva. No obstante, podrían sancionarte en el caso que abusaras de tu posición de dominio en el mercado (como en el juego, irías a la cárcel por no pagar el fisco, etc) pero eso sólo sería en el supuesto que existiese Ley de Competencia, que sancionará este tipo de prácticas.
viernes, 29 de junio de 2007
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